Propiocepción, el sexto sentido

Una buena propiocepción es clave para el desarrollo infantil y su relación con el entorno.

La propiocepción es conocida como el sexto sentido. Es ese sentido que nos permite percibir la posición de nuestro propio cuerpo. Nos permite percibir tanto la posición de nuestras partes corporales, unas con respecto a las otras, como de nuestro cuerpo con respecto al espacio.

Es un sentido de gran importancia ya que nos hace tener control de nuestros propios movimientos y controlar nuestra postura general.

Gracias a este sentido y a otras informaciones sensoriales, desde que nace, el bebé puede ir construyendo su propio mapa corporal en el cerebro.

Una de las maneras de construir este mapa corporal es mediante el tacto. Tocando al bebé de una manera firme, ejerciendo ligera presión en las partes de su cuerpo, será capaz de construir un mapa corporal mucho más fiable. Otra manera en la que el bebé reconoce las partes de su propio cuerpo es usando la boca. ¿Cuántas veces habéis visto a un bebé llevarse todo lo que coge a la boca? Es muy común observar este comportamiento y es debido a que la boca es la parte más sensitiva del bebé en sus primeros años de vida. Para el bebé es necesario y una buena práctica coger partes de su cuerpo, como las manos o los pies, e introducirlos en la boca. De esta forma, se creará una consciencia de que esas partes pertenecen a sí mismo.

Si estos mapas se forman correctamente, el niño será capaz de tener un buen control de su cuerpo y de relacionarse con el resto del mundo, con el espacio. Estos mapas son necesarios para tener una buena coordinación, un desarrollo motor correcto y, también, un desarrollo visual correcto, ya que para realizar unos movimientos oculares preciosos y eficientes, es necesario tener una buena propiocepción de los músculos oculares y conocer en qué posición se encuentran tus ojos.

¿Qué pasa si estos mapas no se construyen de manera correcta?

En niños con problemas de aprendizaje o de lectoescritura, por ejemplo, nos encontramos muchas veces que su sistema propioceptivo y su mapa corporal cerebral no están programados correctamente. Son niños cuyos movimientos son torpes e incontrolados, se chocan con las cosas, como si no percibieran dónde se encuentra su cuerpo en el espacio, sus movimientos oculares son deficientes o les cuesta hacer movimientos finos con las manos, como puede ser escribir o atarse los cordones.

Para el tratamiento de niños con esta clase de problemas, será clave valorar cómo es su mapa corporal y trabajar el sistema propioceptivo, además de sus tratamientos habituales. El tratamiento interdisciplinar será la clave su éxito.

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