Los cuatro círculos de Skeffington, desgranados en profundidad

El modelo de los cuatro círculos de Skeffington es un modelo holístico y comportamental de la visión, el cual ve el sistema visual como parte integrante del organismo.

El Dr. A.M. Skeffington, nacido en 1890 y fallecido en 1976, fue un optometrista estadounidense, considerado por muchos el padre de la optometría comportamental. Mediante su modelo de los cuatro círculos de Skeffington, creado a principios del siglo XX, explica cómo el sistema visual es parte integrante del organismo, interrelacionándose con el desarrollo motor, sensorial y cognitivo. Este modelo holístico de la visión, tiene muy en cuenta el desarrollo del sistema visual y su importancia en la capacidad perceptiva y de aprendizaje en el individuo.

Desgranando los cuatro círculos de Skeffington

Antes de desgranar en profundidad los círculos de Skeffington, es necesario conocer las dos vías de procesamiento de la información visual. Estas vías parten desde la corteza visual y forman dos rutas de procesamiento paralelo de la visión:

  1. Vía Ventral o Parvocelular: Procesa la información procedente de las células Parvo del Núcleo Geniculado Lateral. El procesamiento pasa por el área V4 y termina en la Corteza Inferotemporal. Procesan el color y la forma para identificar y reconocer los objetos. Nos proporciona la información de «qué» vemos.
  2. Vía Dorsal o Magnocelular: Procesa la información procedente de la células Magno del Núcleo Geniculado Lateral. El procesamiento utiliza el área V5 (o TM) y termina en la Corteza Parietal Posterior. está involucrada con el procesamiento de la ubicación espacial del objeto (profundidad y movimiento). Nos proporciona información de “dónde” está lo que vemos.

Esta información es importante porque cada círculo de los cuatro círculos de Skeffington está relacionado con una de estas vías de procesamiento.

Primer círculo: Antigravitatorio

¿Dónde estoy? – Vía dorsal

Este círculo relaciona el sistema visual con el sistema vestibular y propioceptivo. Para comprender dónde estamos posicionados en el espacio, debemos tener bien desarrollado el mapa mental del cuerpo, la representación en el cortex de cada parte de nuestro cuerpo. Gracias al mapa mental del cuerpo y al sistema vestibular, unido con el sistema visual, entendemos dónde estamos en el espacio.

Esto nos permite establecernos como el punto cero de nuestro eje de coordenadas. A partir de nosotros conocemos la direccionalidad de nuestro espacio.

Segundo círculo: Centrado

¿Dónde está? – Vía dorsal

Este círculo es un círculo más desarrollado a nivel de neurodesarrollo. Tras comenzar a coordinar mejor nuestros movimientos corporales y comenzar a estabilizar la fijación en un objeto, gracias a los reflejos de estabilización de la mirada, seremos capaces de conocer dónde está ese objeto con respecto a nosotros.

La visión periférica es clave para localizar los objetos que se encuentran alrededor de nosotros. A partir de ella sabremos dónde se encuentra ese objeto y podremos localizarlo y fijar nuestra atención para poder interactuar con él.

En este nivel es necesario aprender a inhibir los movimientos involuntarios de nuestro cuerpo para así poder fijar la atención. Para que esto ocurra necesitamos un correcto desarrollo del sistema vestibular y propioceptivo.

Tercer círculo: Identificación

¿Qué es lo que estoy viendo? – Vía ventral

Este círculo ya es un círculo más cognitivo, por lo que estamos en un nivel superior de neurodesarrollo. Después de situarnos en el espacio, movernos por él y fijar nuestra atención en un objeto, en este nivel ya podemos identificar aquello que vemos. Y no solamente identificarlo, sino discriminar semejanzas y diferencias con otros objetos para poder clasificarlos.

Este círculo está relacionado también con el sistema acomodativo, o el sistema de enfoque, de nuestros ojos. Nos permite enfocar aquello que vemos y conocer lo que es.

Para reconocer mejor aquello que vemos, es necesario relacionar la información visual con las informaciones de los demás sistemas sensoriales (tacto, olor, sonido o gusto).

A este nivel, ya somos capaces de interactuar con los objetos de manera más fina, teniendo un mejor control viso-motor y agarrando los objetos con la mano de forma más coordinada y precisa.

Cuarto círculo: Habla-audición

¿Qué puedo decir de aquello que veo? – Vía ventral

La visión se relaciona directamente con el lenguaje. Para poder comunicarnos, debemos ser capaces de expresar y comunicar aquello que vemos.

Cuando nacemos, carecemos de capacidad de lenguaje verbal. En cambio, la manera que usamos para expresarnos son los ojos y los gestos de nuestro rostro. Gracias a la mirada podemos expresar en muchas ocasiones lo que queremos decir. En ese momento, toda la relación y la comunicación con otros seres humanos es a través de la comunicación no verbal.

La relación entre la vía visual y la vía verbal se comienza a especializar a partir de los 2 años. Para ello, es necesario tener una buena relación con los progenitores y mayores, para que nos expliquen y enseñen el mundo visual con palabras. El utilizar referencias verbales visoespaciales durante el desarrollo del bebé, ayudar a desarrollar áreas neuronales y crear conexiones neurológicas.

Para finalizar, creo que la comprensión de los círculos de Skeffigton se pueden comprender mejor mediante un ejemplo:

  • Si quiero coger un libro de una estantería, primero localizaré con la periferia dónde se encuentra la estantería y haré un movimiento sacádico para localizar el libro (círculo de centrado).
  • Me levantaré y caminaré los pasos necesarios para llegar hasta ella, estimando el cálculo de distancia necesario para acercarme a la estantería y después agarrar el libro (círculo de antigravedad).
  • Para leer el título del libro y confirmar que es el que estaba buscando, tengo que ver las letras nítidas y enfocar la portada para leerlo, activando el sistema acomodativo (círculo de identificación).
  • Por último, si quiero decirle a mi hermano que ese es el libro que estaba buscando, tendré que relacionar aquello que veo con el lenguaje para poder comunicárselo (círculo de habla y audición).
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